Buscar
  • Raquel

Vencer el dolor causado por una ruptura amorosa


Cuando pasas por un momento o por una época de dolor parece que no puedes ver el final, todo se niebla, los días se hacen interminables y parece que no volverá a salir el sol para ti. La sensación que provoca el dolor, ya sea por una separación o por una pérdida, abarca tanto dimensiones físicas como emocionales.





La lógica principal nos dice que debemos evitar este dolor, que debemos tener distracciones para no aferrarnos a él o que con el tiempo esta sensación disminuirá por sí misma, nada más lejos de la realidad. Desde la terapia breve estratégica la base de la intervención vendrá condicionada por como postula el aforismo de Robert Frost “si quieres salir has de pasar por medio”. En efecto, si el dolor que intentamos evitar se mantiene y se incrementa cada vez más, para superarlo es necesario meterse dentro y pasar a través de él. Por tanto intervenir para vencerlo significa intentar acelerar este proceso haciéndolo lo más rápido y eficaz posible.


Cuando nos encontramos frente una herida dolorosa, podemos optar por desinfectarla o protegerla de tal modo que no se infecte, acelerando de este modo el proceso de cicatrización, lo que esta claro es que no podemos hacerla desaparecer por arte de magia, evitando sentir el dolor.


Paralelo a esto sabemos que las personas que han vivido y experimentado situaciones o experiencias dolorosas son aquellas más capaces de gestionar el dolor y sus sensaciones, citando a Nietzsche “lo que no me mata me hace más fuerte”


Una situación que se repite mucho en consulta y por la que más se accede a terapia es el dolor asociado a un abandono amoroso. Imaginemos el caso de una joven abandonada por su novio algunos meses antes de su boda. Después de la primera sensación de extremo dolor inevitable, al tiempo la joven reconoce que no puede seguir sufriendo por un hombre que no la merecía y para ello se impone una serie de rituales de distracción para poder sobrellevar el dolor y finalmente vencerlo. Salir con las amigas, conocer gente nueva, hacer deporte, pero sobretodo, dejar de pensar en todos los recuerdos tiernos y apasionados que le unían a su pareja y que no dejan de atormentarla. Sin embargo, cuanto más se esfuerza por olvidar voluntariamente, más acaba por producir el efecto contrario, ya que “pensar que no hay que pensar, es pensar aún más”. Ella sigue esforzándose por dejar atrás esos pensamientos, pero incluso el estímulo más insignificante es capaz de atormentarla volviendo a recordar a la persona amada y perdida. Sin duda está realizando una lucha continua consigo misma que no hace otra cosa que incrementar su dolor y quedar presa en él. Obviamente su círculo más cercano, con afán de ayudarla continúan repitiéndole que deje de pensar en su ex pareja y rehaga su vida, y es que a veces con las mejores intenciones se generan los peores resultados, incrementando la sensación de inadecuación de la joven y de sus fallidos intentos por olvidar el pasado.


Para intervenir en una situación delicada como esta es necesaria una gran capacidad de sincronización con la chica y su sufrimiento, remarcándole que no hay nada de patológico ni inadecuado en el hecho de continuar sufriendo por alguien que nos ha abandonado. Es más, se subraya que el dolor ligado a un duelo nunca se cura del todo, sino que se decanta poco a poco, como el vino que se va alojando en el fondo hasta dejar de enturbiar el líquido. Lo primero es que la joven acepte que no es posible anular el dolor de golpe, ni con la mejor fuerza de voluntad existente, sin embargo es posible realizar un recorrido que, al hacerla pasar a través de él, facilite su proceso.


Existe una técnica nombrada “la galería de los recuerdos” (Nardone 1998) que es efectiva en estas situaciones, y se basa en que cada noche, antes de acostarse, recorra mentalmente su historia de amor pasada, buscando aquellas imágenes que para ella son más significativas. Una vez seleccionadas todas las imágenes más importantes deberá construir una galería repleta de cuadros de recuerdos. Algunas de esas imágenes evocaran sensaciones positivas, y sin poder evitarlo otras de negativas que provocaran sufrimiento. La joven deberá visitar la galería cada noche, antes de acostarse, y solo durante ese momento del día, por un periodo que puede variar desde algunas semanas hasta un mes. Al recorrer su galería de recuerdos podrá volver a vivir esos momentos bellos, emancipándose poco a poco del dolor que le provocaban antes, y al mismo tiempo, mantener dentro de sí el recuerdo de la persona a la que amó. La chica podrá decidir libremente si una noche no desea visitar la galería, será entonces cuando podrá, por fin, tomar distancia emocional de forma gradual sobre la historia pasada pero guardando siempre sus aspectos positivos. Curiosamente por el simple hecho de hacer esta prescripción, la persona acaba cansándose de su aplicación y voluntariamente decide ponerle fin. Acaba por tener la sensación de que visitar cada noche la galería la cansa. Ya ha visto muchas veces esos cuadros y revivido otras muchas esos momentos, así que decide distanciarse y empezar a visualizar la situación desde una nueva perspectiva. Sabe que siempre que quiera podrá volver a visitarla pero ya ha sentido el dolor en su máximo exponente y la sensación ya le provoca pereza.


Es indispensable que la persona sea guiada en este proceso de hacer frente al dolor experimentado, de forma que este no siga invalidando el presente. El caso citado podría verse modificado si la mayoría de los recuerdos hubieran sido negativos, entonces utilizaríamos otra estrategia de intervención efectuada sobre los desastres.


Por este motivo es importante consultar siempre antes a un profesional para no agravar más el problema con el afán de ayudar y llevar a la persona a una depresión de por vida. En este caso podríamos repetir la paradoja de que con las mejores intenciones a veces conseguimos los peores resultados.

En resumen y llegados al final de la terapia, para emanciparse completamente del dolor, es fundamental que se sumerja en él de forma voluntaria, de tal manera que pueda emerger espontáneamente con la mayor rapidez posible.


De nada sirve quererlo mantener lejos, a menos que queramos tenerlo siempre presente con mayor intensidad y durante más tiempo.

Es paradójico pero si intentas olvidarte del dolor, aunque de forma más sutil aparentemente, él sigue aferrado a ti. Te va matando poco a poco, como el gusano que va comiendo la manzana y la pudre por dentro. Sin embargo, si lo coges de cara y lo afrontas mirándole a los ojos, el dolor será más fuerte, puedes llegar a pensar que incluso paralizante de por vida, pero en realidad lo estarás venciendo. La mente humana tiene unos límites, y cuando se llega al tope de sufrimiento soportado no se puede seguir sufriendo más, es inhumanamente imposible, así que una vez tengas de frente el dolor, este tenderá a desvanecerse, porque no puede haber más sufrimiento que este, has alcanzado tu propio límite, y verás que incluso al final te acabas cansando de esta situación y de forma natural lo canalizas para eliminarlo de tu vida.


Obviamente en la vida aparecerán más situaciones que te provocarán dolor, pero saber como gestionarlo efectivamente es tu punto a favor.

Raquel Puig 

Psicóloga col. núm 25343

Íntimas Emociones y Mentalidad de éxito 

​​

Máster Terapia Breve Estratégica . 

Especialista en psicologia infantil y juvenil. 

Minor en Criminologia y Victimología

Intervenciones en violencia de genero y conflictos familiares

Idiomas: Català, Español

Plaça Ajuntament, nº5, Ripoll (Girona)

677.786.606 

C/ dels Vilabella, 5-7, 08500 Vic, Barcelona

rp.raquelpuig@gmail.com

unnamed.gif

© 2016-2020 by RaquelPuig